viernes, 5 de octubre de 2007

EL VERDADERO CHE GUEVARA

El Nuevo Herald - 25 de mayo de 1997 - Madrid - A los treinta años de su muerte hay cierta curiosidad por saber quién fue realmente el Che Guevara, ¿Qué ideas se alojaban bajo su emblemática boina o cómo era su peculiar visión del mundo? De ahí el aluvión de artículos que inunda la prensa y la media docena de biografías oportunamente puestas a la venta en todas las librerías del planeta. Es algo así como la exhumación del cadáver para practicar la autopsia definitiva. ``Chemanía'', le ha llamado a este fenómeno un periodista cubano ¿Contribuye esta Chemanía a la mayor gloria del médico/guerrillero cubano-argentino? No lo creo.

Al Che le iba mejor en los carteles que en los papeles que van apareciendo. Por un paradójico mecanismo de iconofagia, probablemente sin pretenderlo, el Che se apropió de la más reconocible imaginería cristiana y la puso al servicio de su cruzada revolucionaria. Ese es el secreto de la famosa foto de Korda, en la que aparece un Che vivo y conspirando, con aquella mirada desafiante de Cristo colérico después de arrojar a los mercaderes del templo, a la que luego se suma, su imagen final, ya muerto, con el torso desnudo, flaco, acostado en una mesa, con una expresión extrañamente plácida, como si acabaran de bajarlo de la cruz para descansar eternamente a la diestra de dios Lenin.

Por eso los humildes campesinos bolivianos de la remota zona en la que lo ajusticiaron se apresuraron a rezarle y a ponerle flores a la fotografía. Ninguno lo ayudó en la aventura guerrillera, ninguno se le sumó, cien lo delataron, nadie entendía aquella rarísima jerigonza marxista-leninista, pero cuando una y otra vez aparecieron las imágenes en la prensa, funcionaron los viejos mecanismos reflejos de la idolatría. Dios te salve, Che Guevara. A los pocos meses de su muerte comenzaron a ponerle velas y a pedirle que le aliviara el dolor de vientre a la abuela postrada en una cama. Y para mayor INRI, hasta desapareció el cadáver.

El juicio histórico ha sido equivocadamente generoso con Guevara. La `Chemanía' ignora la crueldad, el dogmatismo, los fracasos del guerrillero. Con la prosa el asunto se ve desde otra perspectiva. El periodista Jon Lee Anderson, por ejemplo, acaba de publicar un magnífico tomazo de ochocientas páginas “Che: a revolutionary life” absolutamente objetivo, en el que los abrumadores datos que revela y los testimonios que aporta, incluidos los de los familiares y amigos del Che, inevitablemente conducen a formular en cualquier lector imparcial una opinión muy negativa del aventurero argentino. ¿Cómo era la personalidad del Che?

Fue, en esencia, una persona inteligente y amante de la lectura, a caballo entre el intelectual y el hombre de acción, pero --al mismo tiempo-- inflexible, rígido, petulante, dogmático, incapaz de admitir puntos de vista diferentes, siempre dispuesta a despreciar al adversario. De origen familiar absolutamente burgués, sin embargo le regocijaba escandalizar a su entorno social. Por su estudiado desaliño --se cambiaba de camisa una vez a la semana--, de joven mereció el calificativo de ``El Cerdo''. Odiaba tanto los convencionalismos, las jerarquías, la estratificación y las normas habituales de comportamiento que, sin advertirlo, acabó odiando los fundamentos mismos de la sociedad de su tiempo y se propuso participar activamente en su demolición.

¿Por qué era tan injusto y pernicioso el mundo en el que le había tocado vivir? ¿Por qué había tantos pobres y desheredados de la fortuna? La respuesta la encontró el Che Guevara en el catecismo de los revolucionarios latinoamericanos de su tiempo: la culpa la tenían los norteamericanos, el odiado imperialismo, y sus lacayos y aliados de la burguesía local. Y, naturalmente, cuando tales creencias encajaron en su peculiar psicología, se mezclaron con algunos simplistas papeles extraídos de la vulgata marxista, y fueron rematados con la certeza de que el planeta se movía hacia un radiante destino comunista, la consecuencia resultó inevitable: el Che devino un convencido estalinista de los pies a la cabeza.

Tanto, que en algunas de sus cartas íntimas no vacila en firmar ``Stalin II''. Es cierto que a mediados de los 60, tras sus incursiones guerrilleras en África, el Che terminó por chocar públicamente con la Unión Soviética, pero --como se desprende del libro-- ese encontronazo fue por las malas razones, no por las buenas. Lo que el Che censuraba de Moscú no era la falta de libertad, ni los gulags, ni la minuciosa irracionalidad económica del sistema comunista, sino la falta de apoyo decidido a los movimientos revolucionarios armados. El Che jamás dijo o escribió una palabra de condena al totalitarismo, y mucho menos cuestionó las supuestas bondades del marxismo.

Sus conflictos con la URSS --o los que tuvo con Castro-- siempre fueron de orden estratégico, nunca éticos, político-doctrinales. Era, y fue hasta su muerte, más estalinista que el propio Stalin. La observación es importante, porque la percepción general de la figura del Che ha sido mucho más benévola que la que, en verdad, merecía. ¿Por qué ese juicio extremadamente generoso? También por las malas razones. Porque fue un hombre valiente dispuesto a morir en defensa de sus creencias, algo que --por ejemplo-- también podía decirse de Hitler o de Mussolini. O porque fue un hombre honrado que no aceptó privilegios y siempre estuvo dispuesto al sacrificio, pero esa coherencia, que siempre es apreciable, sólo puede juzgarse en relación con los objetivos que se obtienen y con los medios que se utilizan.

La reciente guerra civil en lo que fuera Yugoslavia está llena de ejemplos de abnegados patriotas serbios que lo sacrificaron todo, incluida la vida, con el objeto de aniquilar con la mayor saña posible a sus enemigos bosnios. El ``caso'' del Che debe servir, precisamente, para aprender la más importante lección moral que jamás deben olvidar los adultos: los juicios éticos sobre la actuación de las figuras públicas nunca deben formularse sobre las intenciones que abrigaron, sino sobre los medios empleados y sobre los fines obtenidos.
Lograr un mundo más justo --como el que presumiblemente quería el Che-- podía ser una aspiración legítima, pero si fundamentó su esfuerzo en el error intelectual --el marxismo--, si recurrió a la violencia y al crimen para conseguirlo, y si en el camino contribuyó al establecimiento de una atroz y empobrecedora dictadura, ninguna persona honesta puede exonerarlo de sus gravísimas responsabilidades.

No fue, simplemente, un profeta fracasado. Fue un hombre profundamente equivocado que hizo muchísimo daño por defender sus ideas atrabiliarias. Eso lo prueba este libro fríamente demoledor.


CARLOS ALBERTO MONTANER.

1 comentario:

parapiti pora dijo...

PARAGUAY:
Entre EL CHE GUEVARA Y LOS DÓLARES DE BUSH

por Luis Agüero Wagner(escritor paraguayo)
http://judasiscarioteenlaarenapolitica.blogspot.com

“Un guerrillero no muere para que se lo cuelgue en la pared” (Roberto Jacoby)

A cuarenta años de la relampagueante muerte física del mítico guerrillero argentino Ernesto Che Guevara, los falsos izquierdistas con apoyo mediático de la ultraderecha pro-imperialista y exponentes del clientelismo internacional con el cual el complejo IAF-NED-USAID mueve los hilos de las expresiones artísticas, políticas e intelectuales en Paraguay, ultiman el cadalso para su muerte metafísica con su “Semana del Che”. Nada más absurdo que un homenaje de favorecidos por agencias del imperio para quien hace medio siglo identificó al poder norteamericano como el enemigo global número uno de la humanidad, y a quien nada ni nadie irritaba tanto como el mercenario, posesionado como estaba de una causa con tanta potencia como para acabar coronando con un brutal y elocuente epílogo sus propias convicciones.
Nuestros exponentes locales, guevaristas de simulacro, más que el famoso lema marxisto-guerrillero “Patria o muerte ¡Venceremos!”, deberían adoptar el “Patria o muerte ¡Venderemos”, al estilo del sitio web “The Che Store” que acepta tarjetas de crédito VISA y ofrece todos los accesorios de vestuario para “tus necesidades revolucionarias”.
Sabemos que la cultura pop de la que somos consumidores viene arremetiendo contra el mensaje guevariano mucho antes que la marca de vodka Smirnoff, propiedad de una familia rusa zarista que debió huir a Estados Unidos con el advenimiento de la revolución de Octubre, adoptó el famoso retrato de Korda a sugerencia de una agencia de publicidad inglesa. Hoy, evidentemente, el mundo ha sido tan enjuagado por el marketing como para que una familia zarista -o beneficiarios de dólares de George W. Bush como los dirigentes de nuestro PMas-, y el célebre guerrillero comunista, confluyan en un trago aguardentoso a modo de armisticio dialéctico.
La leyenda del Che tiene muchos cultores que la asimilan más para conmover ocasionalmente relaciones interpersonales que para encender la lucha de clases, aunque unos pocos admiradores sinceros como Rodolfo Walsh, hayan tenido la integridad suficiente como para acusar la propia vergüenza de que Guevara haya muerto con tan pocos a su alrededor. Sin lugar a dudas nuestros héroes locales no se hubieran contado entre los leales en Valle Grande ni en La Higuera, incapaces como demostraron ser de la mínima entereza para rechazar los 127.000 dólares que George W. Bush, a través de la IAF, les facilitó para su activismo de “izquierdas”.
De pertenecer a la especie no se salvan los beneficiarios de USAID que militan en el movimiento Tekojoja, los filizzolistas a quienes bajo directivas del norte se les fue la mano con el arte abstracto expresionista en la vía pública durante su administración municipal, o los opinólogos seudo-izquierdistas que desde las páginas de la prensa maccartista cantan loas a los planes energéticos de W. Bush mientras nos presentan un mundo tiranizado sin lugar para el futuro, donde solo puede existir el consumo, aunque la mercancía a vender sea ocasionalmente el mismo CHE.
Es común que se crea que el traidor es indispensable para que se produzca el fracaso del héroe, pero por lo general fracasan las propias carencias, la propia hipocresía, los propios errores.
Ciro Bustos, artista que acompañó como guerrillero al CHE en su aventura boliviana y a quien muchos acusan de ser el gran traidor de la empresa, se ha defendido diciendo que la izquierda a veces confunde los roles con excesiva facilidad y cree aproximarse a la categoría de iglesia (las sectas luguistas lo confirman), instalándose allí con pretensiones hegemónicas, tanto que a veces también necesita del Judas alegórico, de carne y hueso, que justifique sus falencias y fracasos. La situación se complica en nuestro caso, cuando el Judas se hace necesario para alcanzar el éxito.
Adversarios ideológicos rechazan las ideas políticas de Guevara, pero con frecuencia comparten los valores que giran alrededor de su mito: revolución, coraje, solidaridad y sobre todo la coherencia. Me atrevo a decir que los admiradores de esta categoría son mejores que los otros, al reconocer que estar moralmente en lo correcto es, en última instancia, más importante que lograr una victoria. Algunas de las sectas luguistas que hoy se proclaman furiosas guevaristas han demostrado en los hechos estar dispuestas a renegar mil veces de lo moralmente correcto a cambio de alcanzar una victoria electoral que les permita acceder al zoquete.
La artista plástica Liliana Porter, cuyo sello son las ideologías y significados entrecruzados intencionalmente, llamó “Simulacro”a su obra donde un CHE de juguete orbita junto a Mickey y Donald, mientras el rockero argentino Moris lo asocia en una de sus letras con Drácula y King Kong.
Dentro del mismo contexto, la semana del CHE organizada por la izquierda purista del PMas es otro ejemplo de cómo el cinismo y la fortuna de un ícono lo pueden empujar a la ficción, sin lograr resignar su lugar en la verdadera historia.


EN TODAS PARTES SE CUECEN HABAS: CUESTIONARIO PARA LUGUISTAS.

Una prensa maccartista que los paraguayos heredamos de Stroessner pretendió hacernos creer que el obispo “de los pobres” Fernando Lugo era un candidato de la izquierda, como si la Iglesia Católica fuera referente de institución progresista. A ellos les planteamos estas interrogantes:

¿Es izquierdista Ricardo Canese (dirigente luguista) cuando defiende la política de biocombustibles de George W. Bush?
¿Alguno de los dirigentes luguistas protestó alguna vez por las injerencias de James Cason?
¿Recibe dólares de USAID la ONG “Gestión local” de Guillermina Kanonikoff y Raúl Monte Domecq?
¿Estuvo Camilo Soares en noviembre del año 2000 en un congreso financiado por la NED?
¿Fue o no publicitado Lugo por el diario ABC color, propiedad de Aldo Zucolillo, favorecido del agente de la CIA Leonard Sussman cuando era perentorio fabricar bien remunerados disidentes a la dictadura?
¿Firmó Julio Benegas, empleado de Zucolillo, un contrato con Bryan Finnegan ( de la AFL-CIO) el 21 de Setiembre de 2005?
¿Recibió la casa de la Juventud –cuna del PMAS- 127.000 dólares de IAF en el año 2004?
¿Puede ser de izquierda gente financiada por la NED, institución creada como alternativa a la CIA por el imperio?